Día 7 (20/04/2017) - Lanquín ➞ Semuc Champey ➞ Lanquín

Semuc Champey

Eran las 7 de la mañana cuando nos despertamos. A las 8 salíamos del hotel hacia Semuc Champey. Después de vestirnos y preparar la mochila fuimos al restaurante. Pedimos tortilla y pan para desayunar y un café con leche. Llegadas las 8 vimos que venía una furgoneta a buscarnos y subimos junto con los israelitas del día anterior.

La furgoneta tenía la parte de atrás descubierta, solo estaban unos hierros que mantenían la estructura cuando ponían la lona. No había asientos, excepto un listón de madera junto a la cabina del conductor. Tuvimos que ir de pie durante cerca de una hora que duraba el trayecto. Además éste transcurrió por caminos de tierra llenos de baches. El trayecto no fue muy agradable, pero el paisaje era muy bonito.

Al llegar a Semuc Champey, nos dejaron en la puerta de otro hotel Oasis. En esta zona solo había un hotel y era de los mismos dueños de donde estábamos hospedados en Lanquín. Antes de empezar con la excursión, en la recepción del hotel nos dijeron que teníamos que elegir la comida. Apenas eran las 9 de la mañana y teníamos que elegir que comer al mediodía. Después no tendríamos mucho tiempo para comer y así lo tendrían preparado.

 

Llegada a Semuc Champey

Llegada a Semuc Champey

 

Los israelitas continuaron a lo suyo montando follón eligiendo la comida. Por el camino habíamos oído a otras dos personas hablar español y aprovechamos la espera para hablar con ellos. Eran un chico vasco, Endika, y un señor chileno-israelita, León, que también acaban de conocerse en la furgoneta durante el trayecto. Cuando el grupo de israelitas eligió la comida, nuestro guía nos dijo que ya podíamos ponernos en marcha.

Mirador

Siguiendo a nuestro guía, pasamos el control de entrada al recinto de Semuc Champey. A pocos metros del control había un desvío. Siguiendo recto íbamos al río, con el desvío de la izquierda subíamos al mirador. Nuestro guía nos dijo que primero subiríamos al mirador y después ya iríamos a bañarnos al río.

Empezamos a subir por el camino que llevaba al mirador. Mientras subíamos aprovechamos para ir conociendo al chico vasco y al señor chileno-israelita. Endika venía de estar 2 meses de voluntariado en Nicaragua. Después había cruzado Honduras y ahora estaba visitando como nosotros Guatemala y Belice. León era un señor nacido en Chile, pero de origen judío. Actualmente, estaba viviendo en Israel y hablaba español y hebreo. En más de una ocasión nos hizo de traductor con el grupo de israelitas.

La subida hasta el mirador fue un poco cansada. Casi todo eran escaleras y rocas, además, a esto había que sumarle el calor y la humedad. León que era el más mayor, tuvo que pararse en varias ocasiones y nos detuvimos para esperarlo. El grupo de israelitas parecía estar más en forma y fueron subiendo sin muchos problemas. Después nos enteramos que en realidad iban dos grupos, uno era una familia y el otro era un grupo de compañeros que estaba de viaje de fin de servicio militar.

 

Mirador 1

Mirador - Subida

 

Mirador 2

Mirador - Subida

 

Un poco cansados por la subida llegamos finalmente al mirador. La verdad es que el esfuerzo valió la pena. Las vistas desde el mirador eran espectaculares, seguramente las mejores vistas de todo Guatemala. Desde aquí arriba podía verse la montaña con toda su vegetación y el río con sus pozas. El agua tenía un color azul cristalino, totalmente transparente. Ya nos estaban entrando ganas de bajar y darnos un baño.

 

Mirador 4

Mirador

 

Antes de bajar, estuvimos unos minutos disfrutando de las vistas y sacándonos algunas fotos. Le pedimos a León que nos sacara algunas fotos con las vistas del río de fondo. Para sacar las fotos había que subir a una zona donde apenas cabían 2 o 3 personas y había que esperar tu turno. Después le devolvimos el favor y sacamos fotos a León con las fantásticas vistas.

 

Mirador 3

Mirador

 

Para bajar, lo hicimos por otro camino que llevaba hasta las pozas. Este camino también era bastante empinado y hubiera sido igual de cansado que el otro para subir. Por el camino nos encontramos a unas señoras que vendían agua y fruta. Preguntamos el precio y nos pedían 20 quetzales por la botella. Como le habíamos dado conversación al guía, este nos dijo que le diéramos el dinero a él, que a él se la dejarían a mitad de precio. Con nuestra agua a mitad de precio, acabamos de bajar hasta la orilla del río.

Río

Cuando llegamos abajo, el guía nos llevó directamente a una zona con taquillas. Estas taquillas no eran muy seguras, pero había un vigilante. Nos pusimos el bañador y dejamos las cosas en las taquillas. Antes de meternos en el agua fuimos a ver donde empezaban las pozas. Cuando el río llegaba a esta parte no era muy ancho. Entonces el agua entraba en una pequeña gruta y a la salida se ensanchaba creando las pozas. Había unas cuantas de estas piscinas naturales creadas en este río. Nos metimos en el agua para refrescarnos y disfrutar de esta maravilla de la naturaleza.

 

Semuc Champey 1

Río

 

Semuc Champey 2

Baño en el río

 

Nosotros 4 y algunos miembros de la familia de israelitas seguimos al guía. Esta parte era probablemente la más divertida del tour. Fuimos bajando por las pozas una a una recorriendo así casi todas las piscinas naturales. Para descender de una poza a otra se podía saltar o tirarse como si de un tobogán se tratara por la roca húmeda. Dependiendo de como fuese el cambio entre piscinas lo hicimos de una manera u otro, pero la mayoría fue deslizándonos como si fuese un tobogán.

 

Semuc Champey 3

Bajando de poza en poza

 

Cuando llegamos a una de las últimas, el guía nos dijo que iba a enseñarnos algo. Debajo de las piscinas también circulaba agua del río, no toda el agua estaba en la superficie. La parte del suelo de la poza superior, estaba por encima del nivel del agua de la poza inferior. Quedaba un pequeño espacio para poder respirar. Para ello había que sumergirse y recorrer apenas dos metros. Al salir de nuevo a la superficie, nos encontrábamos bajo el suelo de la poza superior. Tan solo cabía la cabeza en el espacio que había entre el suelo y el agua. Todo estaba lleno de estalactitas, pero que creaban un pequeño pasillo por donde pasar y recorrer parte de este pequeño lugar secreto. Para volver a la piscina inferior había que volver a sumergirse y recorrer un par de metros.

 

Semuc Champey 4

Saliendo de debajo de una poza

 

Solo nosotros con Endika, León, el hijo de la familia israelita y el guía recorrimos la cámara inferior a la poza. Hasta aquí solo habían llegado 3 miembros de la familia de israelitas, pero dos de ellos no se atrevieron a entrar. Volvimos hasta la primera piscina natural, haciendo el camino inverso que en el descenso. Era hora de ir a comer y teníamos que recoger nuestras cosas para ir al restaurante.

Al llegar a la primera piscina el resto del grupo de israelitas, le dijeron al guía que querían descender también hasta abajo. El guía les dijo que ahora era hora de ir a comer, que si querían bajar tenían que habernos seguido cuando lo dijo. Como habíamos visto la noche anterior y durante toda la mañana, este grupo iba a lo suyo y con exigencias. Pero en esta ocasión no se salieron con la suya y nos fuimos a comer.

Nos cambiamos y volvimos a la zona del restaurante. Cogimos una mesa para 4 y comimos con Endika y León. En realidad comimos nosotros 2 y León. Endika dijo que a veces hacía ayunos y había elegido ese día para hacerlo. Los israelitas se sentaron todos juntos en otra mesa. Aprovechamos este rato para conocer mejor a Endika, León y a nuestro guía que estuvo un rato sentado con nosotros. Para la tarde iríamos a ver unas cuevas y después bajaríamos por el río haciendo tubbing.

Kan-Ba Caves

Después de comer, nuestro guía nos dio unos flotadores muy grandes a cada uno para después. Salimos del restaurante esta vez en dirección contraria a la mañana. Fuimos en dirección a un puente que habíamos cruzado con la furgoneta al llegar por la mañana. La cueva que íbamos a visitar se encontraba al otro lado del río. Por el camino un grupo de niños se lanzó hacia nosotros para vendernos cosas. Una niña se acercó a Sergio para venderle chocolate. Al principio no le hicimos caso, pero la niña tenía su estrategia de venta. Pregunto por su nombre y cuando le dijo que se llamaba Sergio, le dijo que igual que su hermano. La niña nos dijo que se llamaba María y que nos apuntaba en su lista para después.

Antes de llegar a la cueva, había una pequeña casa donde dejamos los flotadores y nos dieron una vela a cada uno. Caminamos unos metros más para llegar a la entrada de la cueva y uno a uno fuimos entrando a la vez que encendíamos las velas. Al entrar en la cueva vimos que el suelo estaba lleno de agua y conforme nos adentrábamos el nivel iba subiendo, y estaba bastante fresquita.

 

Kan Ba Caves 1

Kan-Ba Caves

 

Dentro de la cueva solo podíamos ver lo poco que iluminaban las velas, por suerte había cuerdas para indicar el camino. En algunas zonas el agua nos llegaba casi hasta el cuello. En algunas partes tuvimos que salir del agua y subir algunas escaleras para poder seguir avanzando. Al final de la cueva había un lugar desde donde se podía saltar, solo Endika se atrevió a saltar.

Desandamos el camino para volver a salir casi con las velas acabadas. Donde antes habíamos subido por las escaleras, ahora teníamos la opción de bajar las escaleras o tirarnos por un hueco que daba al agua. Sergio que se había quedado con las ganas de saltar, esta vez no se lo pensó y bajo por el hueco, también Endika, el hijo de la familia israelita y nuestro guía. Acabamos de caminar unos metros para volver a la superficie.

Tubbing

Para volver al hotel podíamos desandar el camino o bajar por el río con los flotadores haciendo tubbing. Nosotros no nos lo pensamos dos veces, pusimos los flotadores en el agua y nos sentamos encima. El grupo de israelitas no acaba de atreverse mientras nosotros bajábamos hasta cerca del hotel. El descenso haciendo tubbing fue bastante divertido, pero se nos hizo algo corto.

 

Tubbing 1

Tubbing

 

Tuvimos que esperamos unos minutos hasta que llegó el resto del grupo. Cuando llegaron cogimos los flotadores y empezamos a caminar para volver al hotel.

Antes de volver, Endika le dijo al guía que quería saltar al agua desde el puente, que tenía sobre unos 10 metros de altura, porque había visto que saltaban los lugareños y le dio envidia. Había un chico en el puente y le explicó como tenía que hacerlo para no hacerse daño. Después del salto volvimos para el hotel.

Semuc Champey

Cuando estábamos llegando al hotel nos encontramos con el grupo de niños que vendía chocolate. María se acercó a nosotros diciéndole a Sergio, amenazadoramente señalando con el dedo, "Antes me has dicho que me comprarías chocolate". La niña se lo había ganado y era muy simpática. Le dijimos que entrabamos a buscar dinero y volvíamos para comprar el chocolate.

 

Maria

Foto con Maria

 

Tal como prometimos a María, a los pocos minutos volvimos para comprarle chocolate. El resto de niños se había ido, pero ella estaba esperando para realizar la venta. Compramos por 5 quetzales dos pastillas de chocolate casero. El chocolate era una pequeña porción hecha únicamente con cacao y azúcar. Después de comprarle el chocolate le pedimos sacarnos unas fotos y ella muy simpática acepto. Nos despedimos de María y volvimos al hotel.

Pagamos la comida del mediodía y recogimos nuestra mochila. Volvimos a subir a la furgoneta de la mañana para volver a Lanquín. Todos excepto Endika volvíamos al hotel Oasis de Lanquín, él se quedaba a pasar la noche en Semuc Champey. Al día siguiente íbamos a Flores tanto nosotros, como Endika y León, seguramente iríamos en la misma minivan. Por si acaso, nos despedimos de Endika antes de subir a la furgoneta.

Lanquín

Llegamos de nuevo al hotel Oasis y le dijimos a León que seguramente iríamos al pueblo. Queríamos ver un poco que había en Lanquín y si había algún sitio donde cenar algo más tradicional que en el hotel. Después de ducharnos era casi de noche, además el camino hasta el pueblo era un poco largo y sin luz. Pensamos que era mejor quedarse en el hotel y cenar algo más para turistas.

Fuimos al restaurante, pero no encontramos a León. Pedimos unas hamburguesas para cenar. La comida estaba bien, pero no tenían casi nada de comida tradicional guatemalteca. Después de cenar tomamos algo para hacer un poco de tiempo. No había mucho que hacer, salvo disfrutar del espacio maravilloso en el que nos encontrábamos. Pasado un rato decidimos ir a hacer las mochilas y dormir. Al día siguiente nos tocaba de nuevo volver a la carretera, en esta ocasión para dirigirnos a la zona del Petén, concretamente a la ciudad de Flores.

 

Día 6Día 8

 

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