Día 2 (16/08/2018) - Johannesburgo ➞ Gaborone

Llegada a Johannesburgo

El sol acababa de salir cuando llegamos a Johannesburgo, una de las ciudades más grandes del sur de África. Habíamos pasado el vuelo durmiendo, algunos más que otros, sobre todo Sergio que no tiene muchos problemas para dormir. Nuestra intención no era visitar ni la ciudad ni el país sudafricano. Habíamos volado a Johannesburgo porque el vuelo era mucho más económico que volar directamente a Botsuana. Además, el alquilar del coche también era más barato.

Al llegar al aeropuerto recogimos nuestras pertenencias y fuimos a buscar la salida. La agencia con la que habíamos contratado el coche tenía que venir a recogernos. Empezamos a buscar un cartel con nuestro nombre, pero no veíamos ninguno en toda la fila de personas que había a la salida. Detrás de esta gente, había una estatua de Nelson Mandela y fuimos a sacarnos una foto mientras esperábamos.

Cuando íbamos a sacarnos las fotos, vimos que cerca de la entrada había un chico con un cartel que ponía nuestro nombre. Nos acercamos y nos dijo que nos esperaba ahí porque en la puerta había mucha gente. Le pedimos que antes de salir nos sacara una foto con la estatua de Nelson Mandela. Después salimos a la calle y subimos a la furgoneta para ir a buscar nuestro coche.

 

Aeropuerto

Aeropuerto de Johannesburgo

 

El aeropuerto estaba lejos de la agencia de Bushlore, con quienes habíamos contratado el alquiler del 4x4. Tardamos más de una hora en llegar, también porque encontramos algo de tráfico. Teníamos muchas ganas de empezar nuestro trayecto y no veíamos la hora de llegar para recoger nuestro coche y empezar.

Al llegar a las oficinas de Bushlore, vimos como el parking estaba lleno de 4x4. Empezamos a decir que uno de esos sería el nuestro. Pero primero teníamos que pasar por recepción para entregar los papeles de la reserva. Una señora nos pidió toda la documentación y una fianza de 2000 ZAR (rand sudafricano). Mientras esperábamos a que nos dieran el coche, la señora nos dio el teléfono satélite que también habíamos contratado y nos ofreció un café.

El chico que nos había venido a buscar al aeropuerto empezó a enseñarnos el que sería nuestro coche. Para nosotros iba a ser nuestra casa con ruedas. Apenas hacía unos meses que habíamos recorrido Nueva Zelanda en autocaravana, que fue nuestra casa con ruedas en ese viaje. Ahora teníamos otra para recorrer Botsuana y esta vez seríamos mínimo cuatro personas durante todo el viaje, cinco los días de safari.

 

Coche

Coche 4x4

 

Nos explicaron donde estaba todo en el 4x4. Todo lo necesario para cocinar y comer, con sillas y mesa incluidas. Teníamos dos tiendas de campaña que iban sobre el coche para dormir. Nos enseñaron a montarlas y desmontarlas. Tendríamos que hacerlo todos los días que íbamos a dormir en campings.

Después de enseñarnos donde estaba todo lo necesario para comer y dormir, pasaron a explicarnos todo lo relacionado por si teníamos una avería. Escuchamos al chico, pero pensando que no nos haría falta nada de todo eso. Aunque estaba bien saber donde estaba todo y como funcionaba. La verdad es que fueron muchas cosas en apenas poco más de media hora, estábamos seguros de que no nos acordaríamos de muchas de las explicaciones.

El 4x4 era un coche de cinco plazas con un gran maletero para guardar todo lo necesario. Metimos todas nuestras mochilas, la tienda de campaña para nuestro guía, cuatro tanques extras (dos con agua y dos para gasolina), sacos de dormir y almohadas. Lo dejamos bastante lleno y todavía nos faltaba comprar comida. Con todas nuestras pertenencias en el coche nos pusimos en marcha.

Lo primero que hicimos fue llegar a un centro comercial que estaba a poco más de 5 minutos de Bushlore. Teníamos que comprar algo de comida y bebida. No sabíamos si en la frontera nos dejarían pasar cualquier cosa que comprásemos, así que, por ahora compramos cosas básicas y necesarias para este primer día. Nos sorprendió ver que los supermercados sudafricanos se parecían a los nuestros.

 

Supermercado en Johannesburgo 2

Supermercado en Johannesburgo

 

Entre una cosa y otra se acercaba la hora de comer. Aunque no era muy tarde, pensamos que sería buena idea comer en el centro comercial, después ya podríamos conducir hasta nuestro destino sin detenernos. Entramos en un Wimpy (una cadena de hamburguesas) y comimos bastante bien.

Ya estábamos preparados para conducir los más de 400 kilómetros que separan las ciudades de Johannesburgo y Gaborone. Tal como nos había dicho el chico de las oficinas de Bushlore, fuimos hasta Pretoria para coger la N4 y que lleva directamente hasta la frontera con Botsuana. La carretera no estaba mal y pudimos ir a más de 100 Km/h gran parte del trayecto. O por lo menos cuando el coche nos lo permitía, porque con el peso cuando cogíamos un poco de subida le costaba tirar.

Antes de llegar a la frontera, hicimos una parada en una gasolinera para ir al baño y para que Sergio tomara un café. Llevábamos más de 3 horas cuando nos detuvimos y tantas horas de conducción seguidas cansan un poco. No nos entretuvimos demasiado, queríamos llegar a nuestro destino antes de que anocheciese. Aunque empezábamos a ver que iba a ser un poco difícil, sobre todo porque antes de las 7 de la tarde ya se hace de noche en este país.

 

Camino de Botsuana

Camino de Botsuana

Cruzando la frontera

Llegamos a la frontera del lado sudafricano por Skilpadshek Border Post. Había unas casetas parecidas a las de los peajes de una autopista, pero no había nadie en ellas. No sabíamos si pasar por el lado o si teníamos que esperar a alguien. Por suerte, pasaba un coche de la policía y nos dijeron que los siguiéramos. En un par de minutos llegamos a un edificio. Nos bajamos del coche y entramos. Aquí tuvimos que enseñar nuestros pasaportes y los papeles que nos habían preparado en las oficinas de Bushlore para poder cruzar con el coche de alquiler. Nos pusieron el sello de salida y pudimos continuar.

A los pocos metros había otro edificio pequeño con una barrera. Se acercó un guarda que nos pidió los papeles que nos acaban de dar en el otro edificio. Mientras los revisaba, nos hizo preguntas como de donde éramos. Después de revisar todo, levantó la barrera y dejo que continuáramos.

En menos de cinco minutos llegamos a la frontera del lado de Botsuana por Pioneer's Gate. Empezaba a caer el sol y todavía nos quedaban unos cuantos kilómetros para llegar a nuestro destino. En esta ocasión, solo había un edificio y detuvimos el vehículo cerca de éste. Entramos y nos hicieron rellenar un formulario. Después de que los cuatro lo hubiéramos cumplimentado, nos pusieron el sello en el pasaporte y nos dijeron que fuéramos a la ventanilla del final. Aquí tuvimos que pagar por pasar con un coche la frontera. Volvimos de nuevo a nuestro 4x4 y pudimos continuar nuestro camino. En total perdimos cerca de una hora para cruzar de un país a otro.

Gaborone

Empezamos a conducir por Botsuana cuando ya estaba cayendo la noche. Una de las cosas que habíamos leído era que no había que conducir de noche por este país. En los parques nacionales no hay vallas que impidan que los animales puedan salir. Y lo primero que íbamos a hacer era precisamente conducir de noche. Si bien es cierto, que en el sur de Botsuana es donde hay más población y menos parques naturales.

El trayecto hasta Gaborone se hizo un poco pesado, teníamos ganas de llegar para descansar. Conducir de noche y con poca iluminación por una carretera que desconoces es un poco incómodo. Además, con el peso que llevábamos detrás y la altura del coche, provocaba que los demás coches pensasen que llevábamos puestas las largas y constantemente nos hacían cruce de luces.

Esta primera noche la pasamos en Driftwood Manor Guest House. Llevábamos tiendas encima del coche para poder dormir, pero preferimos pasar nuestra primera noche en una habitación. Ésta estaba a las afueras de Gaborone, concretamente en Phakalane, y tuvimos que rodear toda la ciudad. La guesthouse estaba en una zona residencial y nos costó un poco encontrarla.

Al principio no podíamos creer que una de estas casas fuese nuestro alojamiento, todas eran muy grandes y bastante modernas. Cuando creímos que la habíamos encontrado, tuvimos que preguntar si estábamos en el Driftwood Manor Guest House. Muy sorprendidos entramos en la casa y todavía nos lo creímos menos cuando vimos las dos habitaciones que teníamos reservadas. Eran muy grandes y las camas se veían muy cómodas. Además, los señores que llevaban la guesthouse eran súper amables.

 

Driftwood Manor 2

Habitación en Driftwood Manor

 

Les preguntamos que donde podíamos ir a cenar y nos dijeron que había cerca un centro comercial, pero que también se podía pedir una pizza para que la trajeran. Como estábamos muy cansados, nos decantamos por la segunda opción. Pedimos y organizamos un poco nuestras pertenencias mientras esperábamos que nos trajeran la cena.

Cuando llegó el chico con nuestras pizzas, pagamos y bajamos al comedor. Con la cena tomamos nuestra primera pastilla contra la malaria del viaje, tendríamos que tomar una cada día del viaje y durante la semana siguiente.

Estábamos solos y disponíamos de toda la atención de los dueños. Aprovechamos para preguntarles donde podríamos desayunar al día siguiente, hacer la compra, cambiar dinero y comprar una tarjeta SIM. Fueron muy amables y la señora se ofreció para que a la mañana siguiente, la siguiéramos con nuestro coche hasta un centro comercial, donde podríamos comprar todo lo que necesitábamos. Cuando acabamos de cenar nos fuimos a descansar y estar preparados para los próximos días.

 

Día 1Día 3

 

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